miércoles, 11 de enero de 2017

Crecer reduciendo la financiación bancaria


La transformación del sistema financiero español como consecuencia de la crisis económica asociada al estallido de la burbuja inmobiliaria se convertirá en un caso de estudio a nivel internacional. Si bien sus capítulos finales están aún por escribir, los rasgos más importantes del proceso están ya definidos, entre ellos la intensidad en la reducción del censo de entidades y el papel de eje central que han desempeñado los tres grandes bancos. Entre Santander, BBVA y Caixabank han absorbido el 30% de los activos implicados en las operaciones corporativas.

Además de la disminución del censo, otros de los rasgos del cambio es el menor protagonismo en la financiación del tejido empresarial. Y es que la recuperación económica de los últimos cuatro años se está produciendo sin recurso al endeudamiento bancario, al menos si lo analizamos en términos netos. Si bien es verdad que las entidades han vuelto a conceder crédito, lo hacen por importe que, como mucho, iguala a las amortizaciones. De ahí que el saldo permanezca esté cediendo. En definitiva, estamos observando cómo el PIB crece a ritmos del 3,0%, reduciendo el apalancamiento bancario. La economía española habría eliminado su dependencia del sistema bancario para crecer. Y esto es así, al menos, por dos motivos.


El primero tiene que ver con la mejora de la estructura del balance de las empresas. Como es obvio, del análisis que a continuación se va a exponer deben descolgarse algunos sectores y empresas, pero las líneas generales son válidas para entender por qué no ha sido necesario recurrir a las entidades bancarias para crecer. Durante la crisis, las empresas recortaron los costes, especialmente el de personal, que se contrajo a una mayor tasa que las ventas (-16% y-10%, respectivamente) lo que generó unas ganancias de productividad, claves para la posterior capacidad de recuperación (especialmente visible en el sector exterior vía aumento de las exportaciones). Pero más intenso aún fue el recorte en los programas de inversión (capex), que se redujeron en un 25%. Como consecuencia de todo ello, las empresas consiguieron mejorar su rentabilidad y, lo que es más importante para el tema que nos ocupa, acumular excedentes de tesorería, invertidos en un gran porcentaje en depósitos en entidades bancarias. Como reacción a los temores sobre una potencial ruptura de la UME y las dudas sobre la solvencia de las entidades financieras españolas, entre 2011 y 2013 estas remuneraron las inversiones financieras temporales de las empresas claramente por encima de la inflación. Ya más recientemente, iniciada la recuperación económica, estas “puntas de tesorería” han encontrado destino en la inversión empresarial que, en consecuencia, ha sido financiada con los recursos generados durante la crisis. Esta es una de las principales causas por las que el aumento del capex en los últimos cuatro años no está necesitando crédito bancario.


Entramos ahora en el segundo de los argumentos que explican el crecimiento del PIB sin apelación al crédito bancario. Y es que las entidades financieras están sufriendo los efectos de “otro rival” que explican la menor dependencia del canal bancario. Nos referimos al recurso a los mercados de capitales, en concreto al de renta fija. En los últimos años se han acumulado los casos de empresas que han emitido bonos (con un vencimiento medio de 5 años) para financiar sus proyectos de inversión o, incluso, para sustituir crédito bancario. Es decir, se han dado pasos en el proceso de desintermediación del canal bancario como fuente de financiación del activo empresarial a largo plazo, en una tendencia que nos acerca un poco a lo que se da en economías más avanzadas como EEUU. Ahora bien, la distancia con ese país es amplia, como demuestra que si allí apenas el 20% de la financiación es bancaria (el 80% procede de los mercados de capitales) aquí sigue siendo el 70%. Pero está claro que se han producido avances en una tendencia que entendemos no ha hecho más que empezar. 


2 comentarios:

  1. Efectivamente creo que tienes razón. Pero hay otros factores. Buena parte de las PYMEs en España no pueden acceder al mercado de capitales ni por tamaño ni por posiblemente cultura financiera. Han dependido demasiado tiempo de una financiación bancaria y del modelo de relación personal con la oficina o el centro de banca de empresas. Conozco a muchas que están incluso en momento de transmisión generacional, donde los dueños quieren salir pero su descendencia no quiere dedicarse a ello, razón por la que o quieren vender o si no encuentran quien les compre prefieren seguir hasta que su modelo de negocio quede superado por nuevos avances o competidores. Además, hay buena parte de PYMEs que son más bien "freelances" donde la escalabilidad de su modelo no necesita recurrir tanto a financiación. Creo que en la época de la burbuja había un modelo de PYMEs mucho más "asset led" por tanto creo que este tema tiene muchas dimensiones. Desde luego es fundamental que España tenga PYMEs bastante más grandes que las actuales y al mismo tiempo admitir que los autónomos o freelancers van a ganar mucho peso en todas las economías en el futuro.

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  2. Enrique, me quedo con esta gran conclusion tuya al final, que me temo no es compartida por la mayoría e, incluso, es políticamente incorrecta: "es fundamental que España tenga PYMEs bastante más grandes que las actuales "

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